Ya había cáncer hace miles de años

10/9/16

Los carcinógenos abundaron hace 1,7 millones de años, en el Pleistoceno Temprano, cuando un protohumano deambulaba por la campiña sudafricana en lo que llegó a ser conocido como la Cuna de la Humanidad.

Entonces, como ahora, radiación ultravioleta emanaba del Sol y el radón se filtraba de granito en el suelo. Virus como los de hoy revolvían el ADN. Y estaban los propios carcinógenos del cuerpo, hormonas que se encienden en ciertos momentos de la vida, acelerando la multiplicación celular e incrementando la probabilidad de mutaciones.

Eso, más que algún veneno externo, quizá fue la causa de un tumor óseo diagnosticado como un osteosarcoma encontrado fosilizado en la Cueva Swartkrans, un acervo paleoantropológico al noroeste de Johannesburgo. Un artículo en la revista South African Journal of Science describe el descubrimiento y concluye que es el caso más antiguo conocido de cáncer en un ancestro humano temprano.

“La expresión de osteosarcoma maligno”, escribieron los autores, “indica que aunque el aumento significativo en la incidencia de malignidad está correlacionado con los estilos de vida modernos, no hay razón para sospechar que tumores óseos primarios habrían sido menos frecuentes en especímenes antiguos”.

Quizá la razón principal de que haya más cáncer hoy es que la gente vive mucho más, lo que deja más tiempo para que las células que se dividen acumulen errores genéticos. Sin embargo, el osteosarcoma ocurre más a menudo en personas más jóvenes, al tiempo que sus extremidades experimentan incrementos repentinos de crecimiento en la adolescencia. Eso y el hecho de que los huesos duran más que los órganos más suaves hacen que el osteosarcoma sea un cáncer natural para buscar entre los primeros homininos, la tribu zoológica que incluye a humanos y su parentela extinta.

Mientras leía sobre el hallazgo de Swartkrans, pensé en el anterior poseedor del récord para el cáncer humanoide más antiguo, el Hombre de Kanam, una posible víctima de osteosarcoma que vivió en África Oriental quizá hace 700 mil años. Pero las técnicas de diagnóstico han avanzado desde los primeros reportes sobre el Hombre de Kanam. El tumor de Swartkrans fue descrito inicialmente, en una tesis de doctorado, como un tumor benigno llamado osteoma osteoide. Una tecnología de escaneo, llamada tomografía axial computarizada de microfoco contó una historia diferente. Después de considerar y descartar otros diagnósticos, el argumento más fuerte fue para osteosarcoma.

Cuando uno considera la biología del cáncer, no es sorpresa encontrarlo en los primeros homininos o alguna forma de vida multicelular. Una pregunta más difícil es cuánto cáncer había en siglos anteriores, comparado con los tiempos modernos.

Hace casi seis años, dos egiptólogos escribieron en la revista Nature Reviews: Cancer que “una impresionante escasez de malignidades” en el registro antropológico sugiere que el cáncer está “limitado a sociedades que están afectadas por cuestiones del estilo de vida moderno, tales como el tabaquismo y la contaminación resultante de la industrialización”. Eso está acorde con las visiones del cáncer como un horror ocasionado por una civilización fuera de control. Pero otros investigadores rechazan esta opinión. En 2006, científicos estudiaron los huesos de dos antiguas sepulturas egipcias, del año 3200 antes de Cristo, y un osario alemán, donde se depositaroncuerpos entre los años 1900 y 1800 después de Cristo. Esos investigadores concluyeron que las tasas de cáncer probablemente se han mantenido firmes durante siglos.

La cantidad aparentemente pequeña de tumores malignos reportada por los antropólogos tal vez es una ilusión. Los únicos cánceres que pueden encontrarse en restos desde hace mucho descompuestos son los que se originaron en el esqueleto o que de alguna forma dejaron una marca ahí.

El descubrimiento de Swartkrans no estaba lejos de una cueva donde se encontraron los restos de al menos 15 miembros de una nueva especie, Homo naledi, en 2013. Me preguntaba que si alguno de ellos tenía cáncer.

“Aún no tenemos nada que reportar sobre patología de estos fósiles”, me dijo John Hawks, miembro de la expedición. Algunos aspectos realmente interesantes de salud dejan sólo rastros muy sutiles en el hueso, así que no podemos definitivamente descartar nada”.

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