La medicina integrativa gana terreno en Chile para manejar síntomas del cáncer El Mercurio

Tendencia busca entregar apoyo emocional al paciente para que enfrente mejor su tratamiento.
En poco más de un año, Soledad Barrera se sometió a una cirugía para extirpar un tumor y luego a 17 quimios y 35 radioterapias. Desde el diagnóstico, su vida comenzó a girar en torno al cáncer. Pero seis meses después de partir en este camino, inició sesiones de terapia depurativa y terapia de flor estilo Okada, dos de las terapias complementarias que ofrece a sus pacientes la Unidad de Medicina Integrativa de la Fundación Arturo López Pérez (FALP), además de reiki, yoga y pilates.

‘Sales otra persona. Te reenfocas, empiezas a ver cosas en ti que no son la enfermedad. Realmente hace bien para el alma. Yo, que vivía a full, aprendí con ellas a vivir el momento’, dice Soledad.

Integrar terapias complementarias al tratamiento oncológico convencional es una tendencia que se inició hace dos décadas en países de Europa y Norteamérica y que en Chile ha ganado terreno en hospitales y clínicas en los últimos años.

‘Existe evidencia científica que avala sus beneficios, los que ocurren principalmente a nivel psicológico, emocional y espiritual. Esto ayuda al paciente a tener más tolerancia y mejor adaptación al tratamiento oncológico convencional’, explica el doctor Yuri Moscoso, jefe de la unidad de la FALP.

‘Quien piense que las medicinas complementarias pueden curar el cáncer está equivocado, pero en los últimos cinco años ha habido un aumento exponencial de estudios en revistas médicas que muestran otros beneficios en pacientes oncológicos’, añade el doctor Rodrigo Fonseca, médico internista y acupunturista de la Unidad de Medicina Integrativa Oncológica del Instituto Nacional del Cáncer (Incancer), donde ofrecen acupuntura, yoga, arteterapia y mindfulness a sus pacientes.

Entre otros beneficios, la Asociación Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO) destaca —en su página web— alivio del dolor, reducción de náuseas y vómitos asociados a quimioterapia y de síntomas como bochornos y sequedad de la boca; mayor bienestar físico y anímico, menos fatiga, problemas de sueño e inflamación y mejor manejo del dolor crónico.

Parte de esta evidencia llevó a que, en junio, la ASCO diera su respaldo oficial al uso de terapias integrativas como yoga, meditación, acupuntura y masoterapia para el manejo de síntomas y efectos adversos del tratamiento convencional del cáncer de mama.

Más allá de lo biológico En el Incancer, dice Fonseca ‘las principales derivaciones son para el manejo del dolor y para quienes reciben terapia hormonal por cáncer de mama, donde lo pasan mal con síntomas como bochornos, calambres y otros. Los pacientes dicen sentirse acompañados y que no son mirados solo a nivel biológico, sino también en su dimensión espiritual y emocional’.

Para Soledad Barrera acceder a las terapias complementarias en el mismo centro oncológico es ideal: ‘Uno no tiene fuerza ni ánimo para buscar afuera. A mí no se me habría ocurrido’.

Moscoso sugiere que si un paciente está recurriendo a cualquier terapia complementaria o consumiendo productos no convencionales para el cáncer, lo comparta con su oncólogo, para recibir orientación en caso de que su efecto no esté probado o pueda interferir con las terapias que está recibiendo.

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