La grasa abdominal esconde riesgos que son poco conocidos

Una creciente evidencia científica establece una relación entre la acumulación de tejido adiposo en el abdomen y mayores posibilidades de desarrollar cáncer y alzhéimer.
Se sabe que existe una fuerte asociación entre el tejido adiposo que se acumula en el abdomen y la posibilidad de desarrollar diabetes y problemas cardiovasculares.

Pero las consecuencias no terminan allí. Recientes investigaciones científicas han arrojado evidencias sobre una relación entre altos niveles de grasa abdominal y un mayor riesgo de padecer otras enfermedades.

‘Una línea nueva que aún es desconocida por los pacientes es la del cáncer’, dice la doctora Loreto Moreira, nutrióloga de la Fundación Arturo López Pérez.

‘Los nuevos estudios apuntan a que uno debe mantener cierto límite de circunferencia abdominal porque de lo contrario ya hay riesgo de cáncer’, asegura.

Y así lo establece un trabajo publicado recientemente y realizado por el Centro Médico Universitario de Utrecht, en los Países Bajos, el cual encontró que tanto la grasa total como la abdominal elevan el riesgo de cáncer de mama. Cuando las mujeres del estudio perdieron peso —seis kilos en promedio— los cambios en los biomarcadores de este tipo de cáncer, como el estrógeno, la leptina y las proteínas inflamatorias, indicaron una reducción en el riesgo.

Los cánceres de próstata, colon y riñón también se han asociado recientemente a la obesidad abdominal, agrega la doctora Moreira. Sobre los posibles mecanismos, explica: ‘La grasa visceral (la que llega a los órganos desde el abdomen) libera citoquinas, unas sustancias que favorecen un ambiente inflamatorio en el cuerpo, lo cual se cree que hace proliferar células cancerosas’.

La especialista también advierte que no solo las personas obesas deben estar atentas. Incluso quienes tienen un peso normal pueden acumular cantidades nocivas de grasa debajo de la pared abdominal, asegura.

Otro vínculo importante es el de este tejido con el cerebro. Una de las investigaciones más extensas publicadas hasta ahora fue realizada en 6.583 estadounidenses que fueron seguidos durante 36 años. Esta encontró que aquellos con mayor grasa abdominal en la mediana edad (entre 55 y 69 años) tenían casi tres veces más probabilidades de desarrollar demencia tres décadas más tarde.

Según explica el doctor Nibaldo Inestrosa, neurobiólogo y director del Centro de Envejecimiento y Regeneración CARE, la grasa abdominal que entra a las vísceras genera un estado de estrés oxidativo y produce compuestos químicos que parecen afectar a las neuronas al punto de que estas mueran.

‘Sabemos bien que hay una relación entre el tejido adiposo de la cintura y su efecto en la demencia, principalmente en el alzhéimer, pero los mecanismos están menos claros’, dice el médico.

Otra explicación potencial, indica el doctor Rodrigo Muñoz, jefe del Centro de Obesidad de la Red de Salud UC Christus, tiene que ver con que la demencia también está asociada a enfermedades cardiovasculares.

‘Al unir las piezas, te das cuenta de que pequeños infartos o hipertensiones ocasionadas por la grasa también pudieron haber favorecido el origen de ciertas demencias’, dice Muñoz.

Lo positivo, aseguran los médicos, es que todo apunta a que la mayoría de estos efectos en el cerebro se revierten si es que se reducen los niveles de grasa.

‘Hoy podríamos decir que, en un 90% de los casos, si eliminas la grasa, eliminas el riesgo de demencia’, puntualiza el médico.

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