“En casos como el mío puedes ver que la vida tiene un precio”

22/7/18

Médico cirujano enfrenta un cáncer de páncreas en estado avanzado

Claudio Mora comenta las desigualdades de la salud pública versus la privada, y cómo cambió su forma de ser doctor.
Unas semanas antes de ir de vacaciones familiares a San Blas, una isla paradisíaca en Panamá, Claudio Mora sintió una molestia en la espalda, que no era normal. En el viaje, el dolor se hizo más intenso. Al volver, en enero de 2017, partió a hacerse un escáner a la clínica donde trabajaba como cirujano. Como tenía acceso directo, quiso ver las imágenes.

El resto lo recuerda como una situación tragicómica. ‘Estaba el radiólogo y le digo en broma: oye, me puedes ver el tumor que tengo ahí en el páncreas. El gallo se quedó helado y me dijo: Chuta, sí, tienes algo aquí. Miré y vi que era una cosa grande.

El cáncer de páncreas en general da muy pocos síntomas y cuando ocurre es porque ya está bastante avanzado’, dice. Ese mismo día, el radiólogo le envió un informe y le confirmó que el cáncer estaba en estadio IV, con metástasis. Con ese diagnostico, lo primero que se le vino a la mente fue a un paciente de su misma edad que había visto en el hospital días antes.

Lo había mandado a quimioterapia paliativa porque no se podría operar, pero en el servicio público no le dieron la alternativa, porque no había recursos y era un paciente que tenía un diagnostico muy avanzando. ‘Es el mismo diagnóstico que tengo yo. La diferencia es que yo estoy vivo porque tengo la posibilidad de acceder a tratamientos y recursos.

Entre seguros y red de apoyo, debo llevar unos 160 millones de pesos entre las 35 quimioterapias y no sé cuántas radioterapias que me han hecho’, dice el cirujano de 45 años, que llegó a pesar 65 kilos.

Hoy está en 81. Mora recuerda que los primeros seis meses de tratamiento fueron los peores. Dejó de trabajar, aparecieron dolores terribles, trastornos del sueño, diarreas, pérdida de sensibilidad en manos y pies.

Probó terapias alternativas, a pesar de saber que no servían. El cáncer tuvo avances y retrocesos. De a poco retomó su trabajo, pero solo en el Hospital El Pino y en la Universidad Andrés Bello, donde forma a cirujanos. ‘Casi todos los lunes me hago una quimioterapia. Al otro día voy a trabajar al hospital. Atiendo, opero, hago visitas. A las tres de la tarde me voy a la casa para estar con mi señora y mis hijas (de 10 y 12 años), trato de cenar con ellas todos los días, y voy al gimnasio para recuperar masa muscular’

. -¿Probó muchas terapias alternativas?
-Las terapias alternativas pueden apoyar. Yo hice reiki, acupuntura, que me sirvieron para relajarme. Pero hay que tener cuidado con lo que sale en Internet. Te puedes desgastar como me pasó a mí en un principio con las dietas alcalinas, la zeolita, que son una tontera.

Una noche hasta pensé en hacer lo de los monjes brasileños. Es inevitable que opere el instinto, el miedo. El quiebre que tuve fue aceptar de que me podía morir, que estaba tranquilo y listo para hacerlo.

-¿Qué le dio esa tranquilidad?
-Volver a trabajar, encontrarme con los pacientes, que en el hospital son distintos. Es gente muy cariñosa. También me ayudaron los alumnos de la universidad. Ver que puedes trascender en ellos. Me di cuenta que en vez de seguir muriendo, lo que tenía que hacer era seguir viviendo. Una de las cosas que motiva a este cirujano es visualizar la relación médico-paciente. ‘Convertirme en uno fue tremendo.

Recuerdo que un doctor me dijo que yo iba a tolerar bien la quimioterapia, pero no me explicó ningún detalle. Cuando empecé a sentir todas las molestias, pensé que me estaba muriendo del cáncer y no de la quimioterapia. A lo mejor el médico dio por hecho que yo iba a entender, porque era médico, pero no’.

-¿Cambió su forma de ser médico?
-Cuando volví a operar, me tocó una paciente con cáncer de colon. Después de la operación, tenía que partir con quimioterapia, entonces me senté con ella dos horas a explicarle lo que le podía a pasar. Cuántas veces, pensaba, mandé a pacientes a quimio después de verlos por 15 minutos.

-Se dice que los médicos pierden la sensibilidad.
-Es inevitable. Yo lo veo en el hospital donde llegan pacientes de todo tipo. Vas perdiendo la capacidad de asombro y por otra parte tienes que actuar en forma fría para resolver las urgencias. Así se te va olvidando la otra parte, aunque no quieras. Yo no era tan frío, pero ahora es absolutamente distinto.

-¿Ha llorado con sus pacientes?
-Ahora sí, todos los días me emociono. Aprendí que muchos sólo quieren que tú los acompañes en el proceso, que fijes las expectativas. El paciente necesita que tú le toques la mano, que le des ánimo. Probablemente la visión de la mayoría de nosotros los médicos es que tú estás para salvar vidas y si no puedes hacer nada más, ahí terminaste. Pero en realidad, también tenemos que acompañar en el morir

-¿Qué piensa de la eutanasia?
-Para mí la eutanasia es un derecho, bien entendido. Que si tú estas sufriendo, puedas decidir hasta qué punto vas a mantener tu vida si ya sabes que va a terminar.

-¿Por qué dejó el trabajo en la clínica y se quedó en el hospital?
-La injusticia y la desigualdad que hay en salud en Chile son terribles. En casos como el mío puedes ver que la vida tiene un precio. Los pacientes que veo en el hospital, que no tienen recursos, no tienen ninguna posibilidad de acceder al tratamiento que tengo yo. Amigos míos, que no tenían los seguros que tenía yo, tampoco. Yo trabajaba todo el día, y claro, ganaba 10, por decir algo, pero podía vivir con tres. Me dedico al sistema público, porque es ahí donde hace falta, donde puedo mejorar, hacer cosas.
-Cómo enfrentan las listas de espera con pacientes que tienen cáncer -Yo trabajo mucho con eso y es algo que me angustia y todos los días te vas a acostar pensando en cómo es posible que alguien esté esperando años. Nosotros podemos optimizar lo más posible, pero faltan recursos, cirujanos, camas, pabellones, una política de salud, donde se operen todos los días.

-¿Se proyecta?
-Sí. No me veo muerto en seis meses. Un día me desperté y me senté en el computador a escribir toda la proyección del año, lo que quería hacer en el servicio de cirugía, en las clases de postgrado. Hice calendarios y me coloqué metas hasta diciembre. Sí veo la muerte cerca, pero no siento que será este año. Empecé a escribir sobre lo que hago, algo pensado en dejarles a mis hijas.

-¿Se siente una persona feliz?
-Sí, creo que soy mucho más feliz que antes, aunque suene cliché. Es imposible mirar las cosas como lo hacías antes. Me ha permitido disfrutar cosas que probablemente no hacía. La última serie que vi fue Merlí y lloré como dos horas con el final.

Buen resultado con melanoma
El milagro de la inmunoterapia
Claudio Mora está convencido de que, en algún momento, la medicina va a encontrar la cura para el cáncer. ‘La inmunoterapia está convirtiendo a algunos tipos de cáncer como el melanoma, en enfermedades crónicas. Antes el diagnóstico te daba tres a seis meses y ahora ha aumentado en cuatro, cinco años. La inmunoterapia ha venido a dar estos milagros.

En páncreas, eso sí, no ha tenido los mismos resultados’, dice el médico, cuyo último examen mostró que su tumor está con poca actividad, pero presente. ‘No es operable. Me lo tengo que controlar periódicamente. Ahora terminé unos ciclos con una droga nueva. El jueves me hago un nuevo examen. La apuesta es aguantar hasta que la ciencia avance’.

‘Casi todos los lunes me hago una quimioterapia. Al otro día voy a trabajar al hospital. Atiendo, opero, hago visitas’ Dr. Claudio Mora

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