Las historias de pabellón del médico que estremece a Twitter

22/7/18

Claudio Mora es jefe del servicio de cirugía del Hospital El Pino, en San Bernardo

En dos días, el doctor Claudio Mora sumó más de 1.500 nuevos seguidores en su cuenta de Twitter (@drcmora). ¿La razón? Se le ocurrió compartir, sin tapujos, un par de anécdotas que le ha tocado vivir en sus ocho años como jefe del servicio de cirugía del Hospital El Pino, en San Bernardo. ‘Joven 16 años, penetrante cardiaca, llega muerto, lo metemos a pabellón y sale vivo. Se recupera muy rápido. Va con todos sus hermanos a darme las gracias. Lo que necesite: auto, televisor, radio, celular o hacer pasar algún susto a alguien que les diga no más.

Ellos lo arreglaban en 2 días’. Esa fue una de las historias que se viralizó el miércoles pasado y que Mora no olvida. ‘Ocurrió hace unos siete años. Cuando entró a la urgencia, vi que era un niño de 16 años, en asistolia (en paro). Le abrí el tórax en el box, le metí la mano para bombear el corazón y así nos fuimos a pabellón. La anestesista me dijo: Pero doctor, el paciente está muerto .

Hicimos de todo y de repente la máquina empezó a mostrar señales, igual que en las películas. Lo más impresionante fue que al otro día el paciente estaba conversando. Me decía: tío, tío, tengo hambre .

Después fue a verme con sus hermanos, y la manera de darme las gracias fue diciéndome que ellos conseguían cualquier cosa que yo necesitara’, recuerda el cirujano digestivo, de 45 años, quien reconoce que el último año cambió su forma de usar la red social. ‘Antes ocupaba mucho la ironía y el humor.

Pero desde que me diagnosticaron un cáncer avanzado (ver página 3), mi idea es tratar de comunicar lo que pasa en la salud pública, la experiencia de los pacientes’. Las 102 personas que le comentaron la primera historia, debatieron sobre si los médicos tenían o no que juzgar a un paciente.

Pero él aclara que eso no está en discusión. ‘No se puede juzgar y yo jamás lo he hecho. Muchas veces nos llegan los malos y hay que salvarlos’. Ahí también tiene una historia que contar: ‘Una vez operé a un abuelito que fue acuchillado por su nieta. Se veía frágil y tierno.

Después me enteré que el abuelo estaba detenido. Su nieta lo pilló abusando de su hija, lo mismo que le hizo a ella por años. Nosotros tenemos un dicho que es que casi siempre se muere el bueno y los malos son los que se salvan’.
Mora rememora otras escenas, que podrían servir para una película. ‘Me ha pasado que han entrado a pabellón con pistolas, amenazando que salve al paciente. La cultura narco es de entrar gritando.

Recuerdo perfecto que una vez tuve que encararlos y decirles que salieran, porque no podía trabajar así’. En otra oportunidad, le tocó sufrir una agresión. ‘Tenía un paciente con herida a bala que estaba despierto.

Cuando le iba a colocar un tubo al costado, me escupió en la cara. Me costó controlarlo para poder hacer mi trabajo’. En esa misma línea, recuerda que una vez, mientras reanimaban a un paciente, otro paciente que estaba al lado se paró a tirarle el pelo a una enfermera. ‘Luego se sacó las vías, gritó que tenía sida y tiró su sangre para todos lados. Otro médico pescó una silla y se la puso de escudo. Surrealista’. Pero el médico es enfático en aclarar que no solo hay historias caóticas.

Para él, la afectividad que se da con los pacientes del servicio público es invaluable. De ejemplo, cuenta lo que le pasó hace unas semanas, cuando le regaló un reloj a uno de los médicos que le trata el cáncer. ‘Me acordé que mis pacientes me regalan otras cosas, que tiene mucho más valor que ese reloj que yo entregué.

Uno que nunca se me olvida es el de un viejito que era mapuche y no hablaba muy bien español. Él era jardinero y se recuperó de un cáncer gástrico. Cada cierto tiempo él iba y me dejaba uno o dos huevos. Un día, su nieta me contó que su único bien era una gallina que adoraba y ponía un par de huevos a la semana. De esos, él elegía el más bonito y me lo iba a dejar al hospital’.

-¿Eso no pasa con los pacientes de clínica?
-No mucho.

La relación en las clínicas se va perdiendo, porque se ve como un servicio. Uno paga y exige. Al otro le están pagando. En la salud pública todavía puedes mantener una relación más afectiva, porque el paciente aún te mira como un salvador. El otro día, un médico que yo formé, me contó que un paciente le había llevado un regalo. Era un televisor de esos antiguos, pero probablemente eso era lo más importante que tenía esa persona.

Link de noticia

This entry was posted in El Día, Lun and tagged , . Bookmark the permalink.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Usted puede utilizar las etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>