La contención que dio tranquilidad a Andrés

En una consulta de rutina con su dentista, a fines del año pasado, a Andrés Fritz le detectaron anomalías en la lengua. ‘Partió como una especie de afta, que es algo más o menos habitual, pero que no sanó en un tiempo prudente’, recuerda este diseñador gráfico de 44 años.

En enero, cuando volvió para un control, la odontóloga determinó que había que realizar una biopsia, la que arrojó un carcinoma de células escamosas. ‘Mi señora me acompañó y cuando nos informaron esto fue un tremendo golpe, una noticia muy dura’, afirma.

Andrés llegó al Instituto Oncológico FALP basado en una recomendación y sin saber mucho más: ‘Le dijimos a la recepcionista que traía una biopsia y no tenía idea de qué hacer. Ahí se produjo una buena orientación interna, que partió con un examen del doctor y luego un PET/CT que determinó que el cáncer estaba en una zona operable. Después fuimos a ver el tema de los valores. Como no podíamos pagar la operación, optamos a una beneficencia y salimos favorecidos. Eso influyó en que me pudiera operar rápido’.

El procedimiento fue una glosectomía parcial, es decir, la extracción de la parte lateral de la lengua donde estaba ubicado el cáncer. Antes, Andrés había sido evaluado por la psicóloga Loreto Fernández, la nutrióloga Loreto Moreira y el fonoaudiólogo César Casanova. La contención de las dos primeras se produjo principalmente en la parte inicial y durante su hospitalización. ‘Mi cáncer estuvo directamente relacionado con un dolor de oído tremendo que me impedía prácticamente hacer cualquier cosa. Comer era un sufrimiento y bajé 15 kilos en dos meses. La nutrióloga fue fundamental para darme los nutrientes y suplementos necesarios para enfrentar bien la operación’.

Tras la intervención, debió comenzar a alimentarse por sonda, la que aún no es retirada puesto que sus dificultades para comer se extendieron debido a la mucositis que produjo la radioterapia. También en esta etapa empezó su trabajo semanal con César Casanova. ‘Andrés quedó con alguna dificultad para alimentarse, deglutir y hablar. Después venía la radiación, que tiende a complejizar un poco más las secuelas, por lo que en estos casos es fundamental que el manejo sea preventivo, desde antes de comenzar el tratamiento’, explica el fonoaudiólogo. ‘Hacía ejercicios y eso fue ayudando a que la terapia no fuera tan pesada. ‘Me decía habla más, traga un poquito de agua’. Cosas que parecen simples, pero en su momento son difíciles de hacer. Te da una tranquilidad ver que lo que piensas que es grave, es normal’, cuenta el paciente.

La próxima semana, Andrés tiene programada una nueva evaluación integral, mientras sigue con licencia en su trabajo. ¿Su plan? ‘Tomarme las cosas de otra forma, de manera más simple. A veces uno no para, anda rabiando por todo. Pudo influir en el cáncer el que fumaba 3 a 4 cigarrillos al día, el ritmo de vida, el estrés laboral o las preocupaciones. Todo esto me enseñó a ser más relajado, no tengo para qué seguir corriendo’.

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