Asalto a los Derechos Humanos

4/7/18

El presidente Trump separa padres de hijos, por entrar con su piel morena y bolsillos vacíos desde el sur al sueño americano; a vista de organismos internacionales. Imputados ecuatorianos por el asesinato de una mujer son torturados en una cárcel de Santiago, recibiendo la ovación de opinólogos y políticos apologistas del ojo por ojo. En Antofagasta, el cáncer se nos mete en la piel; mientras las autoridades continúan desfilando frente al puerto, omitiendo la creciente evidencia científica.

Estos hechos, aparentemente distintos y territorialmente separados, esconden una constante: la preocupante tendencia a ignorar la Declaración Universal de Derechos Humanos. En Chile, tales derechos se han violado incluso en democracia. La situación es tan grave, que las Naciones Unidas presenta 32 preocupaciones y observaciones sobre violaciones a derechos humanos en Chile este año.

Localmente también somos violentados, de manera invisible pero no menos letal. Recientemente, los estudios de Tapia y otros (2018) en el Journal PeerJ; y Vergara y Mejía en Ciper; plantean que la muerte por cáncer de antofagastinos causada por la intoxicación por metales tiene su origen en el puerto de la ciudad, ubicado en su centro, violando (entre otros) el derecho a la vida sana. El puerto fue rápido en defenderse y desestimar estos estudios públicamente, clasificándolos de poco serios y sesgados. Lamentable no haya sido igual de veloz para subsanar la grave contaminación por emisión de polvo con metales el 2016, cuando fue multado por cerca de $850 millones por cuatro infracciones graves.

Así, donde nuestros derechos fundamentales son continuamente boicoteados, es crucial generar espacios vinculantes (y no sólo consultivos) de discusión entre el estado, la sociedad civil, la academia y las empresas. Un ejemplo local es la propuesta del concejal Camilo Kong de reactivar el Consejo de Coordinación Ciudad-Puerto, desactivado desde el año 2015.

Hoy, no estar indignado es no prestar atención. Por tanto, denunciar y testificar ante cada violación de nuestros derechos, es un acto revolucionario y trascendental. Menos que eso implica aceptar pasivamente la deshumanización progresiva de la cual ya somos parte. La pasividad, por tentadora que sea, conlleva olvido y luego indiferencia. Ya lo advertía Orwell: “Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano”. Defender nuestros derechos humanos, por tanto, es defender nuestra humanidad.

-“La pasividad, por tentadora que sea, conlleva olvido y luego indiferencia”.

Link de noticia

This entry was posted in El Mercurio Antofagasta and tagged . Bookmark the permalink.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Usted puede utilizar las etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>