El poder mental de Javiera Suárez

26/5/18

Pelearé hasta el último segundo y mi epitafio será: “No estoy de acuerdo”. Esa es la frase de Joaquín Sabina que cierra el libro de recetas contra el cáncer, Liveat, de la periodista Javiera Suárez. Acá ella, en primera persona.
“Existe mucha literatura respecto al poder que tiene Ia mente en tu vida; cómo un pensamiento negativo te lleva al fracaso y, por el contrario, uno positivo -por muy difícil que parezca- si uno realmente quiere algo, sucede. Creo absolutamente en la capacidad que cada uno tiene de dar vuelta el tablero, aunque parezca imposible. Es a través de tus pensamientos que moldeas la realidad. La ley de la atracción habla precisamente del poder que tienen la mente y las palabras en el desenlace de cualquier situación. Yo, por ejemplo, en el colegio tenía muy malas notas en Educación Física. Jamás aprendí a hacer la rueda o la invertida, saltar en el caballete y menos realizar todo el resto de piruetas que hacían mis compañeras. Era delgada, de piernas largas y no tenía ni un impedimento físico que justificara la nota 4,0 que obtenía a fin de año. Mi hermana, cinco años mayor que yo, se lucía sobre una colchoneta o viga, e incluso años más tarde se convertiría en campeona nacional de nado sincronizado.

¿Cuál era mi problema entonces? ¿Qué me impedía aprender algo que el noventa por ciento de mis compañeras sí lograba? Mi mente. Recuerdo que cada vez que estaba frente a una colchoneta o me acercaba corriendo hacia el caballete para tomar impulso, la frase “No puedo” salía de mi boca e inmediatamente una fuerza me frenaba. Aunque las profesoras insistían en que sí y me pedían que dejara de decir que no podía, yo estaba mentalizada y así como pensaba y decía que “No podía”, nunca logré aprender a hacer algo que para el resto se veía tan fácil.

Ya les hablé en el primer capítulo acerca del trabajo que uno tiene que hacer para lograr un propósito; sin embargo, en estas últimas páginas quiero compartir con ustedes diversas situaciones que dejan en evidencia que tan solo basta con pensar en algo firmemente para que ocurra.

Tengo unos padres maravillosos que siempre han cuidado de mí, sin embargo, cuando tenía seis años tomaron la decisión de separarse. Aunque yo era pequeña y no entendía aún lo que era el amor de pareja, aquel episodio marcó mi vida sentimental. A pesar de que el matrimonio de mis papás no había funcionado, la idea de los cuentos de hadas y el famoso príncipe azul, por muy infantil que sonara, no me parecía tan alocada. Fui creciendo y, a pesar de que a mis veintitantos me rompieron el corazón, seguía creyendo en que en algún lugar del mundo existía ese hombre perfecto para mí. Recuerdo que cuando cumplí treinta años me prometí no comprometerme con nadie más hasta encontrarlo. Lo tenía clarísimo en mi mente, lo visualicé e incluso había imaginado cómo sería mi matrimonio. Aunque alrededor mío seguía viendo cómo otras parejas se separaban, cómo otros corazones quedaban destrozados en el camino y cómo algunos conocidos insistían en que el amor de cuentos era imposible, yo verbalizaba lo contrario.

Creía en el amor para toda la vida, en el envejecer junto a mi marido y en ser de esas parejas que mantienen aquella mirada cómplice que los delata frente al más incrédulo. Hasta que apareció. Ya lo había hecho años antes, pero ni uno de los dos estaba preparado para lo que el destino nos tenía planeado. Nos reencontramos en el momento preciso de nuestras vidas, en mayo del 2013, justo meses después de mi decreto. No era cuestión netamente de suerte. Sabía perfectamente qué quería y estaba abierta a recibirlo. Este último punto es clave para poder lograr lo que uno quiere”.

Link de noticia

This entry was posted in El Mercurio de Valparaíso and tagged , . Bookmark the permalink.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Usted puede utilizar las etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>