Amaranto, la recuperación de un grano ancestral

23/4/18

Varios proyectos apuntan a fomentar el cultivo de este alimento que se caracteriza por ser un gran complemento nutricional y tener bajas exigencias agronómicas.
El 27 de junio de 2016, cuando la Ley de Etiquetados entró en vigencia, con el objetivo de disminuir los índices de obesidad, que en los últimos seis años han aumentado en 9,1%, muchas vendedoras de los quioscos de los colegios se vieron en la tarea de ver cómo iban a reemplazar los alimentos que debían suprimir. Necesitaban encontrar productos que fueran igual de llamativos que las papas fritas y brownies, pero saludables.

Fue precisamente esta situación la que llevó a Cecilia Baginsky, ingeniera agrónoma de la Universidad de Chile, a asistir al Seminario Internacional de Amaranto, en México. Quería conocer en primera persona las técnicas que utilizaban los mexicanos para potenciar la producción de amaranto, un alimento ancestral muy similar a la quínoa, que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), posee 75% sobre un valor proteico ideal de 100%, lo que lo posiciona por sobre la leche de vaca (72%), la soya (68%), el trigo (60%) y el maíz (44%).

A su regreso, Cecilia Baginsky lideró un proyecto para fomentar el cultivo de amaranto en el país, e incorporarlo como una nueva alternativa de alimento saludable.

“Además de tener excelentes propiedades, a partir de este cultivo tradicional de la zona de México se pueden crear otros productos naturales para los escolares”, agrega.

De ahí salió una nueva alternativa, aparte de los usos similares que tiene en la cocina como grano o harina, similares a los de la quínoa.

Uno de los snacks que con mayor éxito han desarrollado es la supergranola de la tienda Amaranto Mundos, de Cristina Pizarro. Está hecha a partir de amaranto tostado, chips de almendras y manzanas verdes deshidratadas, hojuelas de avena y toques de miel multifloral. De hecho, ganó el Premio a la Innovación en la Expo Mundo Rural 2017. La tarea ahora es incorporarla en los colegios.

“Estos reconocimientos demuestran que vamos por buen camino. Hemos avanzando, pero todavía nos falta difundir la importancia y los beneficios de este cereal de la felicidad, que actúa como activador cognitivo”, dice Cristina Pizarro, productora de Cabildo.

SÚPER NUTRITIVO

El interés de Cecilia Baginsky por fomentar este cultivo de color rojo brillante, hojas anchas y gran tamaño radica en que se trata de una planta repleta de nutrientes, que en los últimos años ha ganado espacio bajo la etiqueta de ser un alimento saludable y natural.

Así, mientras que las hojas de esta especie de la familia de las Amaranthus contienen más hierro que las espinacas, una alta dosis de fibra, vitamina A y C, calcio y magnesio, los granos tienen un alto contenido de fitoesteroles, que ayudan a disminuir el colesterol en la sangre. Además, contiene lisina, un aminoácido que eleva de manera considerable la calidad proteica, señala Baginsky, quien agrega que es un cultivo que tiene características nutricionales excepcionales, pues aporta energía como los cereales, proteínas como las leguminosas y vitaminas y minerales como las verduras.

INTERÉS CRECIENTE

Si bien no se tiene certeza de cuánta es la superficie plantada a nivel nacional, el jefe de programas y proyectos de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), Rodrigo Gallardo, cree que esta no supera las 40 hectáreas. Baginsky tiene una en Isla de Maipo y trabaja en otras cuatro con productores de distintos sectores.

Cristina Pizarro es una de ellas. Desde 2010 que vive en el valle de Alicahue, cerca de Cabildo, en la provincia de Petorca, donde se dedica a la recuperación de este grano que no necesita ser sometido a transformación para ser saludable y que, según quienes lo cultivan, previene el cáncer de colon, la osteoporosis, diabetes, obesidad, hipertensión y el estreñimiento.

Cuenta que todo comenzó con seis melgas de 50 metros para consumo personal, pero que al ver que este cultivo generaba atracción en las personas y que la tendencia en el consumo de alimentos se inclinaba hacia lo sano y natural, vio una posibilidad real de comercialización.

“Hoy día tenemos alrededor de dos hectáreas y media cultivadas, nuestra tienda con productos de alta calidad y proyectos con instituciones como Indap, que nos están apoyando para seguir creciendo. Todo esto es porque el amaranto es un alimento maravilloso y muy potente a nivel funcional. Es una planta guerrera”, agrega.

La decisión de Baginsky y Pizarro fue subirse al carro de lo que en ese momento podía ser una simple moda, pero que hoy día tiene un mercado que va en aumento a nivel mundial por sus atractivas características.

BAJOS REQUISITOS AGRONÓMICOS

Al comenzar a cultivar amaranto, Baginsky investigó cuáles eran las condiciones adecuadas para producirlo. Así, confirmó que se trata de un cultivo versátil, que se adapta a las condiciones de distintos tipos de suelos y es resistente a las sequías.

Esta característica lo posiciona en un escenario muy favorable, considerando que producir alimentos se ha vuelto cada vez más complejo, debido al cambio climático y la menor disponibilidad hídrica y de tierra arable.

Son los pequeños agricultores del país quienes se ven más beneficiados, pues, a pesar de no contar con grandes recursos, les da la posibilidad de tener un cultivo rentable. “Siempre se plantea la necesidad de buscar algún cultivo que no requiera de suelos de muy buena calidad, ya que muchos de los pequeños agricultores no tienen agua o tienen suelos más bien malos. En este sentido, el amaranto se adapta muy bien”, agrega.

A pesar de que no hay datos oficiales que respalden dónde se encuentra la mayor parte de la superficie plantada, y de que es un cultivo que se puede producir a lo largo de todo el territorio nacional, Rodrigo Gallardo señala que las evaluaciones de adaptación han demostrado que el potencial del amaranto se encuentra en la zona central del país.

“Hemos probado en distintos sectores, que van desde la III hasta la VII Región, y vemos que hay algunas variedades que funcionan mejor en determinadas zonas”, agrega.

40 HECTÁREAS sembradas hay en el país, según estimaciones.

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