Análisis: El uso médico de las radiaciones ionizantes

24/1/18

“La prescripción de exámenes y procedimientos donde estén involucradas las radiaciones ionizantes requieren una justificación basada en la relación riesgo beneficio obtenido por el paciente”.
El crecimiento demográfico en el mundo no se detiene, cada vez se requiere más y mejor tecnología para dar atención a la población mundial. Los países hacen sus mejores esfuerzos para proporcionar a sus conciudadanos una mejor atención de salud.

Hay múltiples hechos que nos preocupan profundamente como sociedades científicas. El uso de las radiaciones ionizantes ha mejorado sustancialmente la medicina o a lo menos sus resultados, afirmación que estamos seguros muchos comparten. Los métodos de diagnósticos y los radionúclidos aportan a los profesionales de la salud información única y posibilitan un diagnóstico precoz y más ajustado. Además, contribuyen en el tratamiento contra enfermedades severas como el cáncer.

El aumento de la esperanza de vida ha convertido al cáncer en unas de las principales causas de mortalidad a nivel mundial. Los tumores malignos provocan cerca de ocho millones de defunciones por año a nivel mundial. Para 2030, se prevé que esta cifra llegue a los 22 millones de acuerdo a la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC), perteneciente a las OMS. Sin embargo, respecto de sus riesgos aún hay muchos vacíos acerca de los efectos adversos de las dosis bajas a largo plazo.

Existe una especial preocupación del Organismo Internacional de Energía Atómica por el uso innecesario e indiscriminado de procedimientos que implican irradiar a pacientes sin resultados que aporten al diagnóstico. En la práctica, menos del 50% de las radiografías que se indican prestan utilidad diagnóstica. Especial es el caso de los diagnósticos con la tomografía axial computada o TAC. Este procedimiento equivale a 500 radiografías de tórax en términos de dosis.

Protección radiológica

Lo precedentemente expuesto es de gran preocupación y nos gustaría abordar el tema de la protección al paciente, debatirlo y concensuarlo. Muchos de los profesionales que realizan o prescriben estas prácticas no poseen los conocimientos necesarios sobre los efectos biológicos de las radiaciones ionizantes. La Asociación Médica de los Estados Unidos publicó una investigación que mostraba que alrededor del 2% de los casos de cáncer que se diagnostican en ese país podrían relacionarse con sistemas de diagnósticos de alta complejidad, como tomografías computadas o scanner. Solamente en Estados Unidos, el año 2013 se realizaron 5,5 millones de exámenes.

La protección radiológica se fundamenta en tres principios: justificación, optimización y limitación, y se considera de suma importancia incorporar un cuarto pilar: el control de calidad al cual se debe someter de manera periódica a todo equipo que genere rayos X y sea utilizado con fines diagnóstico y/o terapéuticos.

En la actualidad, se ha avanzado enormemente en la implementación de la radiología digital en centros radiológicos, tanto públicos como privados, lo que a priori debería suponer una menor dosis para el paciente. Para que esto sea real, se debe formar a los médicos prescriptores en protección radiológica, ya que son ellos los responsables de indicar que un paciente sea irradiado, por tanto debe justificar de manera adecuada dicha indicación.

En base a un buen programa de control de calidad, es posible generar procesos de mejora en los servicios facilitando procesos de optimización de las dosis utilizadas y la definición de niveles de referencia de dosis, lo cual asegurará que los pacientes sean irradiados con dosis bajas y obteniendo una buena calidad de imagen para realizar el diagnóstico.

Al realizar una revisión estadística de las solicitudes de exámenes del sistema público, podemos ver que entre 1999 y 2009 la cantidad de TC tuvo un incremento del 345% por lo cual si se sigue la tendencia, al 2019 podría llegar al 700%. Situación que no debería ser diferente en el ámbito privado.

Regulación e información

Por otra parte, en cuanto a la percepción que tienen los paciente respecto al riesgo que implican los Rx existe un alto desconocimiento, ya que estudios realizados y publicados en la revista de la Sochradi (2012), estos le asignan un mayor riesgo a una modalidad que no utiliza radiaciones (ecotomografía con 30,6% y resonancia magnética con 20,6%) que a aquellas que sí los utilizan (los Rx 2,1%, TC 42,2%). Esto denota que los pacientes, y la sociedad en general, necesitan mayor información en relación a este tema.

La prescripción de exámenes y procedimientos donde estén involucradas las radiaciones ionizantes requieren una justificación basada en la relación riesgo beneficio obtenido por el paciente, siendo esta especialmente crítica en el caso de pacientes pediátricos dada su mayor esperanza de vida y radiosensibilidad, que es aproximadamente un orden de magnitud mayor que en el adulto. Toda exposición a radiaciones ionizantes debe estar justificada, en esta tarea deben estar involucrados el médico prescriptor y los profesionales tecnólogos y Tens a cargo de los procedimientos a objeto optimizar las dosis que se suministrarán.

Otro punto que nos preocupa es nuestra antigua legislación, que data de 1984. Aún en nuestro país no están reconocidos legalmente los Oficiales de Protección Radiológica para las instalaciones de radiodiagnóstico y los controles de la calidad aún son muy precarios, por ello es necesario hacer un mayor esfuerzo en la regulación de forma proteger verdaderamente a nuestros pacientes y profesionales que se desempeñan en esta actividad.

ERIK HERRERA C. Presidente de la Sociedad Chilena de Protección Radiológica (Sochipra).- @ Copyright – Empresa del Grupo News Executive Channel S.A.

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