Mi querida cicatriz

4/12/16

La vía para sanar
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Aunque hoy es una marca pequeña, la cicatriz de Francisca Coddou (47) tiene un significado vital para ella. Es el resultado de haber tenido un catéter por donde recibió 10 quimioterapias para curar su enfermedad y que mantuvo bajo su piel por casi una década. Una tarde de 1996 le diagnosticaron cáncer a los ganglios. Con 27 años y con una hija de casi dos, comenzó a tratarse de inmediato sin permitirse ninguna queja, “tú me lo mandaste, tú me lo quitaste”, rezó a Dios. Con todos los tratamientos y gracias a la nueva tecnología de los anticuerpos monoclonales, pudo eliminar el cáncer completamente. A pesar de estar recuperada, los doctores optaron por mantener el catéter por si acaso, “era como una tapa de bebida levantada debajo de la piel, se veía muy feo. Durante 10 años compré ropa que lo disimulara porque mostrarlo era como dar circo y yo soy mucho más piola”, cuenta. Francisca se siente muy afortunada por la vida que ha tenido, ya que, además de estar 100% sana, pudo –contra todo pronóstico– tener a su segundo hijo, Gustavo.

En lugar de mi pecho
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Gabriela Stranger (67) tiene en la parte derecha de su pecho una cicatriz horizontal de unos 20 centímetros aproximadamente. Solo eso. No tiene mama. Hace 5 años se la extrajeron en el Centro de Referencia de Salud Cordillera, adjunto al Hospital Luis Tisné, porque encontraron en ella varios tumores encapsulados. La decisión de hacer la reconstitución mamaria no era un tema menor, porque involucraba otra operación, más dolor y anestesia. Para ella siempre estuvo claro: no la necesitaba. Además, contó siempre con el apoyo de su familia y en especial de su marido, que murió el año pasado el día en que cumplieron 40 años de matrimonio. Con el tiempo, esa decisión, y la cicatriz que le dejó, se han convertido en un estandarte de vida: “Las mujeres somos mucho más que una linda delantera”, afirma. Ella cree que para muchas mujeres, como algunas que conoció mientras luchaba contra el cáncer, perder sus mamas es perder su femineidad, arriesgar el rechazo de su pareja y una baja autoestima, pero no debe ser así. A veces usa un sostén con una prótesis para rellenar vestidos o blusas, pero en general no le importa si se nota o no que no tiene una mama. “La apreciación del físico está muy sobrevalorada, existe una presión que impulsa a las personas a tratar de verse más bellas a como dé lugar. El ser mujer va por cosas mucho más interesantes que por un par de pechugas, está en un abrazo, jugar con mis nietos, cocinarles. La cicatriz es horrible, pero al sacarme la mama me sacaron el cáncer y doy gracias a Dios por eso y por todo lo que me queda por vivir”.

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